Este artículo propone una reflexión sobre la rabia y la autodefensa para mujeres y grupos disidentes en situación de violencia, confrontando el odio y la violencia sistémica. Basándose en las perspectivas de Audre Lorde (2019), Jota Mombaça (2021) y Frantz Fanon (2022), en diálogo con los conceptos de emoción y cultura de Humberto Maturana y Gerda Verden-Zöller (2004), se argumenta que la rabia se diferencia del odio sistémico, ya que consiste en una fuerza motriz para el cambio y la lucha anticolonial, la cual es colectiva. La emoción es vista como fundamental para el desarrollo de un cuerpo activo capaz de reinventarse y resistir a las dinámicas patriarcales que rigidizan la corporeidad. El texto presenta una autoetnografía de la autora como instructora de jiu-jitsu brasileño en talleres de defensa personal feminista, demostrando cómo la canalización de la rabia, por medio de la lucha corporal y de la reconexión con el cuerpo a partir de perspectivas feministas, auxilia a las alumnas a construir autonomía y a romper la lógica de sujeción, promoviendo la posibilidad de un "contratrabajo" (Mombaça, 2021) colectivo y revolucionario, proporcionando el autocuidado/cuidado colectivo. El objetivo es rescatar la combatividad y la fuerza vital de la rabia, allanando el camino hacia un nuevo imaginario basado en los principios de cooperación y de trincheras frente a las violencias.
También puede Iniciar una búsqueda de similitud avanzada para este artículo.